domingo, 29 de mayo de 2011

Universidad de Madrid.

Mi vida anterior acabó, empece de nuevo en otra ciudad, Madrid. Echando la vista atrás jamás me hubiera imaginado allí, en otra ciudad que no fuera mi amada Valencia, pero allí me encontraba y comenzaba una vida nueva. Tan solo un trocito de mi se iba conmigo, todo aquello que había sido capaz de meter en la maleta y en mi nuevo pisito de las afueras de Madrid. Dejaba atrás aquello que amaba y aquello que había querido sin querer. Era una nueva oportunidad para encontrar aquello a lo que algunos llaman felicidad.




Una radiante sonrisa se apoderaba de mi mientras subía los escalones de mi universidad. Me sentía diminuta en aquel inmenso y majestuoso lugar. Una simpática chica llamada Paula se mostraba igual de expectante que yo y se acercó a presentarse. Parecía que al menos iba a hacer una amiga en mi primer día. Juntas, intentando mantener una conversación, llegamos a nuestro pasillo. Era una chica encantadora que hacía que me hacía sentirme muy cómoda pero no relajaba mis nervios. Y fue entonces, entre la multitud, cuando encontré una mirada cómplice y penetrante que me hacia sentirme más nerviosa. Mientras ese chico moreno clavaba sus ojos azules en mi yo era incapaz de mantener mi mirada fija en él. Aquella fue la primera vez que lo vi, la primera vez que vi a Hector, aquel chico que acabaría haciendo que perdiera los sentidos por él y que cada poro de mi piel se erizara tan solo con un simple roce de la suya.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Rosas

Cuando deje la carta en el buzón supe que era la decisión correcta. Mientras me alejaba le imagine acercándose al buzón, cogiendo la carta y abriéndola. Imagine su rostro ensombrecido  al ver su nombre con tinta líquida que ya conocía, le vi abriendo la carta y agarrándola fuerte con sus manos. Vi sus lágrimas, y por último le vi levantando la vista hacia el mar, oprimiendo su corazón  y su dolor y pensando que ella era una egoísta, y no era para menos, porque ella lo era y lo sabía.  Lloré, lloré todo el camino hasta el tren. Lloré por él pero también por mí. Lloré porque sabía que había actuado de una forma que nunca pensaba que haría. Pero era el amor. El amor te hace ciego y egoísta, te hace frágil y fuerte, te hace incluso devastador. Solo he amado de esa forma una vez, una sola vez, porque como dijo una canción “El amor verdadero es tan solo el primero, y empiezo a sospechar que los demás son solo para olvidar”. Nadie ama dos veces de la misma forma porque a cada persona se le puede querer de una forma, se le puede querer sin quererlo, se le puede sentir dentro sin estarlo, pero nunca le querrás como al anterior. El amor es maravilloso si uno sabe cuidarlo y valorarlo, y  a veces había olvidado cuidarlo, y otras valorarlo. Pero él también y por eso ella había tenido que arrastrarse por las esquinas de dolor, había tenido que escapar para poder olvidarle, y lo había hecho de alguna forma, lo había hecho por Lucas, lo había hecho por ella, y lo había hecho porque de alguna forma ella también quería a Lucas. Pero no le quería igual, no podía quererle igual porque a Héctor lo veía a su lado sin estarlo, lo veía tumbado en su cama riéndose de ella, lo veía haciéndole cosquillas, lo vía besándola, podía oír el latido de su corazón como si fuera el suyo, lo veía en un futuro y lo veía tan claro, tan real que no era posible no sentir que le querría siempre. Podrían pasar otros chicos pero ninguno sería él. Ella lo sabía y por eso estaba esperando ese tren que le llevaría a Madrid para poder decirle a Héctor que ella nunca querría a nadie como le quería a él. Entonces sonó el teléfono y interrumpió sus pensamientos, era un mensaje y era de Lucas.

“No puedo guardarte rencor, yo no hubiera sido capaz de verte todos los días sabiendo que nunca me querrías como le quieres a él. Espero que todo te vaya bien de corazón. Siempre estaré aquí.”

Solo pude llorar. Y recordar. Recordar todo lo que había pasado desde aquella mañana de primavera donde todo empezó.