miércoles, 18 de mayo de 2011

Rosas

Cuando deje la carta en el buzón supe que era la decisión correcta. Mientras me alejaba le imagine acercándose al buzón, cogiendo la carta y abriéndola. Imagine su rostro ensombrecido  al ver su nombre con tinta líquida que ya conocía, le vi abriendo la carta y agarrándola fuerte con sus manos. Vi sus lágrimas, y por último le vi levantando la vista hacia el mar, oprimiendo su corazón  y su dolor y pensando que ella era una egoísta, y no era para menos, porque ella lo era y lo sabía.  Lloré, lloré todo el camino hasta el tren. Lloré por él pero también por mí. Lloré porque sabía que había actuado de una forma que nunca pensaba que haría. Pero era el amor. El amor te hace ciego y egoísta, te hace frágil y fuerte, te hace incluso devastador. Solo he amado de esa forma una vez, una sola vez, porque como dijo una canción “El amor verdadero es tan solo el primero, y empiezo a sospechar que los demás son solo para olvidar”. Nadie ama dos veces de la misma forma porque a cada persona se le puede querer de una forma, se le puede querer sin quererlo, se le puede sentir dentro sin estarlo, pero nunca le querrás como al anterior. El amor es maravilloso si uno sabe cuidarlo y valorarlo, y  a veces había olvidado cuidarlo, y otras valorarlo. Pero él también y por eso ella había tenido que arrastrarse por las esquinas de dolor, había tenido que escapar para poder olvidarle, y lo había hecho de alguna forma, lo había hecho por Lucas, lo había hecho por ella, y lo había hecho porque de alguna forma ella también quería a Lucas. Pero no le quería igual, no podía quererle igual porque a Héctor lo veía a su lado sin estarlo, lo veía tumbado en su cama riéndose de ella, lo veía haciéndole cosquillas, lo vía besándola, podía oír el latido de su corazón como si fuera el suyo, lo veía en un futuro y lo veía tan claro, tan real que no era posible no sentir que le querría siempre. Podrían pasar otros chicos pero ninguno sería él. Ella lo sabía y por eso estaba esperando ese tren que le llevaría a Madrid para poder decirle a Héctor que ella nunca querría a nadie como le quería a él. Entonces sonó el teléfono y interrumpió sus pensamientos, era un mensaje y era de Lucas.

“No puedo guardarte rencor, yo no hubiera sido capaz de verte todos los días sabiendo que nunca me querrías como le quieres a él. Espero que todo te vaya bien de corazón. Siempre estaré aquí.”

Solo pude llorar. Y recordar. Recordar todo lo que había pasado desde aquella mañana de primavera donde todo empezó.

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