Una radiante sonrisa se apoderaba de mi mientras subía los escalones de mi universidad. Me sentía diminuta en aquel inmenso y majestuoso lugar. Una simpática chica llamada Paula se mostraba igual de expectante que yo y se acercó a presentarse. Parecía que al menos iba a hacer una amiga en mi primer día. Juntas, intentando mantener una conversación, llegamos a nuestro pasillo. Era una chica encantadora que hacía que me hacía sentirme muy cómoda pero no relajaba mis nervios. Y fue entonces, entre la multitud, cuando encontré una mirada cómplice y penetrante que me hacia sentirme más nerviosa. Mientras ese chico moreno clavaba sus ojos azules en mi yo era incapaz de mantener mi mirada fija en él. Aquella fue la primera vez que lo vi, la primera vez que vi a Hector, aquel chico que acabaría haciendo que perdiera los sentidos por él y que cada poro de mi piel se erizara tan solo con un simple roce de la suya.
domingo, 29 de mayo de 2011
Universidad de Madrid.
Mi vida anterior acabó, empece de nuevo en otra ciudad, Madrid. Echando la vista atrás jamás me hubiera imaginado allí, en otra ciudad que no fuera mi amada Valencia, pero allí me encontraba y comenzaba una vida nueva. Tan solo un trocito de mi se iba conmigo, todo aquello que había sido capaz de meter en la maleta y en mi nuevo pisito de las afueras de Madrid. Dejaba atrás aquello que amaba y aquello que había querido sin querer. Era una nueva oportunidad para encontrar aquello a lo que algunos llaman felicidad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario